Título original: El diputado
Director: Eloy de la Iglesia
Año: 1977
País: España
Duración: 116′
Guión: Eloy de la Iglesia y Gonzalo Goicoechea
Fotografía: Antonio Cuevas
Productora: Fígaro Films / UFESA
Intérpretes: José Sacristán (Roberto Orbea), Maria Luisa San José (Carmen), Ángel Pardo (Nes), José Luis Alonso (Juanito), Agustín González (Carrés), Enrique Vivó (Moreno Pastrana).
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El Diputado es una de las películas más llamativas de la Transición española, primero por su escándalo, fue calificada S, y segundo porque es un exelente ejemplo de cine de ficción en el que la Historia juega un papel clave como marco de la trama.
Narra la historia de Roberto Orbea, abogado del clandestino Partido Comunista que con la legalización del mismo adquiere acta de diputado tras las primeras elecciones democráticas y cada vez mayor peso dentro del partido. Sin embargo una faceta de su vida permanece clandestina: su condición de homosexual, fuente de problemas por ser práctica perseguida durante la Dictadura, y fuente de problemas en Democracia por poner en riesgo su carrera en una sociedad no preparada para aceptar públicamente semejante tendencia. Todo se complica cuando el diputado acentúa su gusto por los jovencitos y entabla una relación amorosa con uno de ellos. Entra entonces en juego un grupo ultraderechista que planea implicar a Orbea en un escándalo para arruinar su carrera política, ultrajar al partido y demostrar “qué tipo de gente” puede llegar a tener competencias públicas con el aperturismo y la democracia.
El drama central de la película, el hecho de que la ley puede cambiar de la noche a la mañana la situación de ciertas personas, pero no hacer que una sociedad prejuiciosa haga lo mismo a gran velocidad, está encajado en un período clave de la Transición. Así la historia de Orbea recorre los últimos tiempos de Franco hasta después de las primeras elecciones, y podemos ver reflejados en la pantalla momentos de reminiscencia al Proceso de Burgos (situando a Orbea como abogado defensor), los días en que Carabanchel era poblado por etarras, homosexuales, criminales comunes y presos políticos (Juan Antonio Bardem hace un cameo interpretándose a sí mismo como preso del Partido Comunista), la época de los pisos francos y el refugio de correligionarios clandestinos, las primeras apariciones públicas del líder del partido (el personaje de Enrique Vivó evoca muy claramente a Santiago Carrillo) y hay incluso reflexiones sobre la violencia política y el cambio de sentido del terrorismo antes y después de la muerte del dictador y la ley para la amnistía política.
Pero también se reflejan las actividades de la ultraderecha, aquella que optó por el involucionismo y la “provocación al golpe de estado”, o sea, el empleo de la táctica que en Italia fue calificada como “estrategia de tensión” durante los años de plomo y que perseguía, mediante algaradas, agresiones, tumultos, atentados y asesinatos generar un clima social insostenible que provocase una intervención militar (en Italia para frenar el ascenso del PCI, en España para mostar el gran error que suponía legalizar el PCE y parar el proceso democrático). El personaje de Agustín González no solamente comparte cierta similitud física con uno de los prebostes del régimen franquista, Juan García Carrés, luego conspirador constante hasta su procesamiento por el 23-F, sino que incluso porta el mismo apellido que este en la película. Junto a él se puede llegar a ver a un personaje muy indentificable con Blas Piñar e incluso se cuidó el detalle de situar en su grupo a un matón con acento argentino, algo perfectamente verosímil, ya que, como se ha demostrado con el paso del tiempo, miembros de la siniestra Triple A argentina colaboraron dentro del entramado Cóndor, junto a ultras italianos, ex-agentes de la CIA y otros miembros de las fuerzas de seguridad de las dictaduras sudamericanas de los setenta, en sus actuaciones en el extranjero, incluyendo Europa y España, donde se llegó a formar un grupo de acción terrorista con el mismo nombre (aunque distinto significado: Alianza Anticomunista Argentina frente a Alianza Apostólica Anticomunista). Se ven algaradas callejeras, las famosas palizas durante la pega de carteles electorales, la conspiración, la connivencia de las autoridades aún por reciclar, la pistola bajo la americana…
Y por si esto fuera poco, el director, impasible el ademán, se las apaña para ser fiel a su tradicional estilo sórdido de hacer cine, tan rompedor para la época, al retratar el submundo en que se movía la homosexualidad, pero también otras actividades que permanecían ocultas bajo el asfalto del cinismo patrio de la buena moral, y no es descabellado identificar primeros despuntes de un mundo que quería romper lo viejo, en lo moral, lo cultural y lo artístico, y que acabaría eclosionando con lo que se catalogó de modo genérico como la Movida.
Curioso trailer en inglés de la película
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