Título original: Der untergang

Director: Oliver Hirschbiegel
Año: 2004
País: Alemania (en coproducción con Austria e Italia)
Duración: 155′
Guión: Bernd Eichinger (sobre novela de Joaquim Fest)
Música: Stefan Zacharias
Fotografía: Rainer Klausmann
Montaje: Hans Funck
Vestuario: Claudia Bobsin
Productora: Constantin Films
Intérpretes: Bruno Ganz (Adolf Hitler), Alexandra Maria Lara (Traudl Junge), Julianne Köhler (Eva Braun), Corinna Harfouch (Magda Goebbels), Ulrich Matthes (Joseph Goebbels), Heino Ferch (Albert Speer), Christian Berkel (Ernst Günter-Schenk), Matthias Habich (Werner Haase), Thomas Kertschmann (Herman Feegelein), André Hennicke (Wilhem Mohnke), Ulrich Noethen (Heinrich Himmler).
Premios: Nominada al Oscar Mejor Película Extranjera (2005). Ganadora de 13 premios menores (lista de premios y nominaciones en http://alpacine.com/pelicula/59/premios/ )
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Ultimamente es frecuente oir del cine alemán que se ha decidido al fin a mirar a su historia reciente de frente y a la cara. Los éxitos de películas como El Hundimiento, La Vida de los Otros, y el reciente estreno de R.A.F. parecen confirmarlo, aunque suelen olvidarse ejercicios coetáneos como Sophie Scholl (Los últimos Días), otros más lejanos como la Europa, Europa de Agnieszka Holland, Stalingrado o, ya perdidos en el tiempo (parece mentira, son los años setenta y primeros ochenta) los trabajos de Volker Schlondorf, Fassbinder, Herzog o el famoso Das Boot de Wofgang Petersen, sin olvidarnos de la coral Deutchsland im Herbst. Incluso Bergman rebuscó en Alemania sobre la memoria alemana en El Huevo de la Serpiente.
En cualquier caso la especialidad de El Hundimiento reside en que por primera vez alguien en el cine alemán interpretaba al monstruo, a Adolf Hitler, y se trataba sobre su persona desde Der Letzte Akt (1965). Y qué interpretación. Lo del suizo Bruno Ganz es para enmarcar.
El film muestra a lo largo de más de dos horas los últimos días del Reich alemán desde el interior del famoso búnker de la Cancillería en el que se refugiaron Hitler y sus más afectos. Con las tropas soviéticas pisando suelo berlinés, se nos muestran los desesperados intentos del Führer por montar la resistencia al ataque y la desesperación de sus generales por hacerle ver lo imposible de la tarea. El fanatismo de Hitler sale a pasear entre deserciones de afectos, el sufrimiento de la población civil y la permanencia hasta el final de unos pocos quijotes, los más afectos, que se hunden con el barco con tal de no capitular.
La película tiene una ambientación escrupulosa y el rigor histórico no tiene fracturas. El principal punto de vista proviene del personaje de una de las secretarias personales del Fürher (Traudl Junge), con la cual se contó para el rodaje y que prologa la proyección, pero además hay detalles que muestran el cuidado que se tuvo. Por ejemplo la secuencia en la que Hitler, a las puertas del bunker, entre escombros, condecora a niños-soldado movilizados como última defensa de Berlín. Esa escena es real, recuerdo a bote pronto un documental francés (De Nuremberg a Nuremberg) de finales de los 80, principios de los 90, en que aparece ese momento. Pues bien, en la película aparece un cámara rodando en el sitio exacto en el que debía estar para rodar la escena real.
Pero el principal problema con que se encontró el film fue la supuesta acusación de tratar de humanizar al monstruo, lo cual me parece un craso error. Nunca he entendido la propensión humana a deificar por completo al admirado (aunque se le admire por cosas particulares como ser un gran futbolista, músico o escritor) como de demonizar en absoluto al odiado. No me cabe la menor duda de que Pinochet o Franco eran unos abuelitos tiernos, y en el caso de Hitler está sobradamente documentado que, al margen de sus ideas criminales y sus accesos de ira incontrolable, era una persona exquisita en el trato, especialmente con las mujeres (con ciertas salvedades: ver el telefilme Hitler, Christian Duguay, 2003 con Robert Carlyle en el papel y la polémica en torno al suicidio de su sobrina), y que su monstruosidad político-social no impedía que aflorasen otras virtudes sociales. Es precisamente eso, la dualidad de una persona aborrecible lo que resulta interesante, porque en el fondo, está en todos nosotros, la capacidad para odiar y amar a la vez. En cualquier caso no debería ser un delito mostrar al mostruo como es, con virtudes y defectos, y no centrarse sólo en una cosa. En cualquier caso, lo de la humanización de Hitler en la película queda muy en entredicho. Quien esto afirma parece que sólo hubiese visto la primera escena en que aparece tratando con exquisita pulcritud a las candidatas a secretaria y se hubiese perdido el resto del metraje en el que el fanatismo y la irracionalidad emergen, y por su boca salen vanaglorias a la exterminación de los judíos, soflamas sobre la perdición de los débiles y el abandono sin piedad de la propia población civil alemana que arriba, fuera del búnker, sufren el ataque soviético y las purgas del propio ejército alemán (sí, aún en esos momentos dedicaban esfuerzos a la persecución interna) ejecutando ancianos que no querían tomar un fusil para defender una barricada ante un tanque soviético, enviando niños a la muerte y abandonando enfermos en los hospitales.
El Hundimiento es, en su faceta de reconstrucción histórica, una gran película sobre el final del nazismo y sobre Hitler, pero además una película bélica con mayúsculas.
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