Título original: Hunger

Director: Steve McQueen
Año: 2008
Duración: 96′
País: Gran Bretaña/Irlanda
Guión: Enda Walsh y Steve McQueen
Fotografía: Sean Bobbitt
Montaje: Joe Walker
Productora: Icon Entertainment
Intérpretes: Michael Fassbender, Liam Cunningham, Liam McMahon, Stuart Graham y Brian Milligan
Premios: Premio de la Juventud en el Festival de San Sebastián’08, Premio del Cine Europeo a la Revelación del Año (Steve McQueen), Cámara de Oro en Cannes’08, Premio a la Nueva Generación de la Asociación de Críticos de Cine de Los ángeles’08 y Premio Carl Foreman de los BAFTA’09 a la mejor promesa debutante (Steve McQueen) hasta un total de 22 premios. (Consultar lista completa en http://www.imdb.com/title/tt0986233/awards )
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Bobby Sands es un héroe para el republicanismo norirlandés. Fue arrestado en 1977 por tenencia de armas de fuego y sentenciado a 14 años de cárcel. Recluído en la cárcel de máxima seguridad de Maze, en Belfast, puso en práctica la lucha desde el interior de las cárceles, abriendo un nuevo frente contra los británicos. La rebelión carcelaria incluía demandas como el derecho a usar sus propias ropas, recibir una visita y carta por semana y otras orientadas al no acatamiento de las normas comunes de presidio que tenían como objetivo final la consecución del estatus de presos políticos para los encarcelados del IRA. Su materialización tomó cuerpo en la llamada “protesta sucia” o de la “manta”, ya que la rebelión iba acompañada de una negativa al aseo personal y a no usar ninguna ropa carcelaria salvo la manta.
Margaret Thatcher, decidida a no ceder un ápice a las demandas de los presos, fue fiel en un principio a su política de negociación cero con los terroristas. Sentadas las bases de ambas partes se allanaba el camino para que aquellos días de principios de los años ochenta fueran un infierno en Maze. Las condiciones infrahumanas, voluntariamente adoptadas por los presos (decoraban las paredes de las celdas con sus propios excrementos), se vieron multiplicadas por el papel de los funcionarios de la prisión, obligados a asear por la fuerza a los presos mientras afuera, en la calle, casi dos docenas de ellos morían en atentados.
Este clima abrasador, de extrema violencia, aparece reflejado en la película de un modo extraordinario. McQueen, exitoso como videocreador, hace su primera incursión en el cine con un relato crudo, para estómagos fuertes, en un ambiente oscuro, introspectivo, que incluso recuerda en diversas fases la frialdad narrativa de la escuela dogma, pero con una solidez a prueba de bombas, original y sin artificios, con una amplia ausencia de diálogo y palabra sustituida con maestría por la potencia de la imagen. Terry George ya se acercó, algo más de una década atrás, a este episodio en Some mother’s son (En el nombre del hijo), pero desde un enfoque exterior a la cárcel, centrado en el papel de las madres (maravillosa Helen Mirren) de los presos. McQueen prefiere quedarse muy dentro de la cárcel, con el único eco exterior de la voz en off de Margaret Thatcher en momentos clave.
En Hunger no hay una línea usual de narración, ni tan siquiera de protagonismo. La película arranca con una magistral escena que reconocemos como cotidiana en el día a día del personaje: el funcionario de prisiones que afronta un nuevo día comprobando que no hay bombas bajo su coche mientras el rostro de su esposa permanece clavado a la ventana con expectación aterrorizada. Por lo que nos tiene acostumbrados el cine, éste parecería ser el protagonista principal, pero no lo es. A continuación pasaremos unos minutos con un nuevo recluso en Maze, para vivir con él la llegada y situarnos en la actitud que encuentra entre sus correligionarios. Ahí descubrimos el lodazal de Maze. Pero éste tampoco es el protagonista. Mediada la proyección asistimos a la concentración en plano fijo de casi todo el diálogo del film: Bobby Sands comunica a un párroco afín al movimiento republicano su decisión de iniciar una huelga de hambre. Aquí encontraremos la contraposición de dos formas de observar un mismo problema: la lucha por la causa sea cual sea el precio y la postura del diálogo frente al crimen o, como es el caso, el suicidio. Desde aquí el resto de la película es un canto a la degeneración voluntaria. Asisitiremos a la conversión de Sands en un deshecho hasta su muerte por inanición voluntaria.
9 presos fallecieron en esta huelga, y más de 15 funcionarios de prisiones fueron asesinados en represalia durante este tiempo. Bobby Sands fue mientras tanto elegido diputado. En 1981 concluyó la protesta cuando Thatcher decidió acceder a todas las demandas menos a una: la concesión del estatus de preso político. Y ahí es donde reside el mensaje que lanza (que yo he recibido, McQueen sabrá si es así) la película. La reflexión en torno a un concepto sobre el que nunca habrá un acuerdo claro, puesto que, ya no sólo en el Ulster, cuando dos enemigos no se reconocen mutuamente en las mismas condiciones no puede haber un trato equiparable. Si un bando cree sufrir una agresión terrorista tratará como criminales a quienes creen estar en una guerra y exigen para sus presos un trato acorde a esta condición. Y por encima de todo, sobrevolando esta disyuntiva, la capacidad del ser humano para morir, matar y degenerarse hasta límites infrahumanos por la defensa de una causa vista como justa, irrenunciable e innegociable.
Aún no hay fecha para su estreno en España, de no hacerse estaríamos ante una barbarie cultural incomprensible, pues Hunger es una película de la mejor clase de cine que se ha visto ultimamente, eso sí, no apta para estómagos sensibles.
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