Título original: Kz
Director: Rex Bloomstein
Fotografía: Alexander Boboschewsky

Montaje: Richard Rhys Davies

Año: 2005 (estreno 2006)
Duración: 98′
País: Reino Unido
Producción: Rex Bloomstein
Protagonistas: Harald Brachner, Florian Panhoelzl, Michael Gstoettenmayr, Florian Lengwin, Klemens Knopp.
Premios: Premio del Público en el Festival de Amnistía Internacional (06), Nominada al Gran Premio del Jurado del Festival de Sundance (06).
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Kz es un documental sobre Mauthausen, uno de los campos de concentración más espantosos de la Alemania nazi, pero no un documental al uso. Bloomstein no utiliza imágenes de archivo, ni ejecuta reconstrucciones dramatizadas, ni tan siquiera hay testimonios de supervivientes. La técnica es diferente. Imaginemos que nos presentamos allí con una cámara y son los propios guías del campo quienes nos enseñan Mauthausen y nos cuentan su historia, imaginemos que le pedimos opinión a los visitantes, imaginemos que entrevistamos a los lugareños que viven en los aledaños, ya sean ancianos o jóvenes. Así se desarrolla Kz.
De este modo el documental se convierte en un ejercicio de lecciones sobre la memoria, de como las atrocidades cometidas en su lugar de trabajo afectan psicológicamente a los guías, a los estudiantes de visita escolar y a los paisanos del lugar y como cada uno de ellos desarrolla sus mecanismos de defensa ante estos fantasmas del pasado o incluso, se pierden en un torrente autodestructivo. En esta galería de protagonistas reales veremos un guía obsesionado por saber y transmitir el horror hasta el punto de su propia defenestración psicológica, otro, joven, escalofriante, que trata de navegar en el pasado de un abuelo que participó en la barbarie nazi, adolescentes conocedores del pasado que se vienen abajo al pisar físicamente el lugar del crimen, vecinos que eluden el tema en sus relaciones cotidianas, o se toman a broma la identidad del ocupante de su casa en aquel tiempo, incluso aparece un grupo de ancianitas que no pueden más que recordar con humor a los apuestos soldados que frecuentaban el lugar en los años de su juventud, pero que aún guardan ciertas posturas de justificación de la venida del nazismo a Austria. En el cuidado de esta memoria ineludible para cualquier nación que quiera superar su pasado terrible, y a la vez pasar página sin correr el riesgo a repetir errores, es aleccionador asistir a una visita de un grupo de militares, de uniforme, que como parte de su adiestramiento incluyen este ejercicio, como medio para conocer el precio de no defender la democracia.
Intercalando estas entrevistas los guías narran el proceso que sufrían los presos desde su entrada al campo hasta su muerte, configurando así un documental que, en color, instalado en el hoy, sin mostrar una gota de sangre o una imagen de archivo con un rostro demacrado o un cadáver, nos sacude un puñetazo en el estómago, demostrando que la mera palabra puede transvasarnos al horror y a la depravación humana más absoluta. El único pero quizá esté en el detalle  de que, al no estar incluído en la visita del día del rodaje, no aparece la famosa escalera en la que murieron, cargando piedras de cincuenta kilos, miles de presos. Pone la piel de gallina, uno de los documentales más brutales sobre el nazismo.
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