Título original: Invictus

Director: Clint Eastwood

Año: 2009

Duración: 134′

País: EEUU

Guión: Anthony Peckham (Basado en El factor humano, de John Carlin)

Música: Kyle Eastwood y Michael Stevens

Fotografía: Tom Stern

Montaje: Joel Cox y Gary D. Roach

Intérpretes: Morgan Freeman, Matt Damon, Scott Eastwood, Zak Feaunati, Grant L. Roberts, Rolf E. Fitschen, Vaughn Thompson, Charl Engelbretch, Graham Lindemann, Julian Lewis Jones.

Premios: 2 nominaciones al Oscar (Actor y Actor de Reparto), 3 nominaciones al Globo de Oro (Director, Actor y Actor de Reparto).

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Una lástima. Es lo primero que me vino a la cabeza al terminar de ver esta película. Y eso que por medio estaba el gran Clint Eastwood. Quizá sea por aquello de tener el libro de Carlin recién leído apenas unos días atrás, y ya se sabe eso de que las adaptaciones no suelen dejar el pabellón alto (cuestión contra la cual hay múltiples ejemplos contrarios). Sin embargo, ya en frío, la sensación se reafirmó, Eastwood ha perdido una gran oportunidad para que el cine de testimonio de parte de la historia sudafricana y en concreto de los momentos cumbre de la delicada transición desde el ignominioso Apartheid a la democracia.

El gran Morgan Freeman como Nelson Mandela

El libro de Carlin no es un ensayo, ni es un manual de historia, narra Historia, pero la novela con tal delicadeza y cariño que convierte ese pequeño librito con tantas cosas dentro en una delicia que se disfruta y que además enseña. Porque es tan sumamente hábil que da los retazos suficientes para saber qué había sucedido y quien era quien antes de 1995, sin recurrir a un sesudo análisis histórico. El lector acaba el libro sabiendo que Sudáfrica ganó de forma épica la final de la Copa del Mundo de rugby de aquel año, pero además lo hace con una idea muy clara de cuál era el significado de tal hazaña, porqué fue una hazaña, cuáles eran las implicaciones sociales del rugby en ese país y porqué hizo tanto bien a la deseada unidad del mismo.

La película, sin embargo, queda bastante lejos de esos resultados, e incluso a ratos me recordó a algún título olvidado, por fortuna, de adolescentes que juegan al beísbol y ganan un torneo cuando tienen todo en contra para sermonearnos que en la vida todo es posible, y en América, más. Entiendo que los saltos y giros en el tiempo que debería dar la película para mostrarnos -tan solo una decente- representación de los personajes del libro, requerían un arduo trabajo de guión que no vuelva loco al espectador, pero uno ya ha visto mil cosas y se imagina que hubiese sido perfectamente posible. Con el resultado final, únicamente quien tenga una cierta idea de los acontecimientos de Sudáfrica, podrá

Freeman y Damon / Mandela y Pienaar

entender las muchas cosas que se nos quieren (o mejor debería decir deben) contar en este film.

En cualquier caso el maestro Eastwood no me ha fallado en una cosa: en elegir la historia a filmar, y si su visionado provoca que algún espectador coja el libro de Carlin, o la autobiografía de Mandela (de la que también se han extraído cosas), o cualquier otro texto que hable de este país, habrá triunfado, porque no me cabe duda que si algo ha pasado en los últimos veinte años en este puñetero mundo, que sea ejemplarizante, que de lecciones, y que merezca la pena ser explicado a los niños en las escuelas, son precisamente los acontecimientos de la República Sudafricana desde Soweto a 1995.
Como veis, hoy me he puesto en plan critiquillo de cine, no quería hablar de lo contado en Invictus a drede. A ver si hay suerte y quien por aquí recale se va corriendo a buscar el libro de Carlin, porque con él aprenderá bastante más.
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