Título original: Raza

Dirección: José Luis Saenz de Heredia

País: España

Año: 1942

Duración: 113′

Guión: José Luis Saenz de Heredia y Antonio Román (según novela de Jaime de Andrade)

Música: Manuel Parada

Fotografía: Heinrich Gärtner

Intérpretes: Alfredo Mayo, Ana Mariscal, José Nieto, Blanca de Silos, Rosina Mendía, Pilar Soler, Julio Rey de las Heras, Luis Arroyo y Raúl Cancio.

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Señoras y señores, todos en pie, estamos ante el legado cinematográfico del Caudillo, por la gracia de Dios, de todas las Españas, el general Francisco Franco Baamonde, oculto, eso si, bajo el pseudónimo de Jaime de Andrade. Como es sabido el poder no tardó demasiado en darse cuenta de la fuerza propagandística y aleccionadora del cine, por tanto no es de extrañar que totalitarismos y autoritarismos de todo signo (las democracias también) lo utilizasen a su conveniencia, en especial en épocas tan convulsas. Lo más llamativo es que personajes como Hitler, Lenin, Mussolini y el propio Franco, sintiesen una atracción más que especial, a veces obsesiva, hacia este medio. Lo que diferenció al dictador español de sus colegas fue que él si que dejó su impronta en la pantalla.

Muerte del perfecto patriota: uniforme en sangre y besos a la Virgen

 La historia en si es sencilla, los devenires de los hermanos Churruca durante la Guerra Civil española. Estos personajes están, ya desde su elección, sometidos a una intencionalidad muy clara, ya que representan al militar valeroso, temeroso de Dios, que no de la muerte, a la mujer esencia de la feminidad española de verdad, al eclesiástico abnegado y mártir y, por último, al díscolo, al equivocado, al garbanzo negro que siempre hay en la olla, pero que finalmente se redime aún a costa de su vida. En suma todo en la película es una síntesis muy simple, muy básica, muy elemental y muy pedestre de la filosofía que alumbraba al régimen dictatorial sobrevenido del 39. Ejército, Dios, patria, bandera, honor, muerte, vilipendio de la política y los políticos…y maniqueísmo, claro esta, el ellos y el nosotros, los buenos y los malos, los rectos y los torcidos, los españoles de verdad y el contubernio extranjero.

La película arranca en los prolegómenos del desastre de 1898, con papá Churruca visitando a su familia en un permiso, allí podemos contemplar cómo es una auténtica familia de honor española y cómo el buen padre instruye a sus retoños. Lo malo es que ya desde chiquito, al malo se le ve venir, y obviamente adivinamos que ese chavalín que sisa, miente y contradice será el futuro diputado izquierdista-republicano. Como no podía ser de otra forma, el gran militar muere al frente de su navío en Cuba, para que su recuerdo y ejemplo quede en la memoria de sus hijos como icono de perfección.

Rojos desharrapados y soeces cometiendo sacrilegio

El gran salto lo damos cuando nos plantamos en los prolegómenos de la Guerra Civil (con ciertas licencias de edad en los personajes muy evidentes a la vista). Como es de suponer es ahí cuando se nos comienzan a colar los mensajes del caos parlamentario y lo inútil del acto político, hasta que claro, los militares cumplen con su deber para con la patria y se alzan para salvarla. El icono de este mensaje se nos muestra con el personaje de Alfredo Mayo y su temprana condena a muerte en Madrid (por cierto, se atisba una representación del famoso asalto al Cuartel de la Montaña -hoy la zona del Templo de Debod- durante las primeras horas de la intentona golpista en Madrid). Pero hete aquí que Mayo sale vivo de un pelotón de fusilamiento que solo le dispara a él, es un momento hilarante, pero parece ser que entre la Virgen y la hermana han hecho su trabajo para que los rebeldes cuenten en sus filas con un sujeto esencial. Es un ejemplo de cómo una película de propaganda -algo que ya de por sí falsea el producto- se puede convertir en un chiste surrealista fácilmente.

Que no estaba muerto, que no...

Y así iremos viendo como tras las filas enemigas hay buenos españoles en la Quinta Columna, gente que se la juega para cruzar las líneas, cómo “nuestra” causa y moral es la que impide que tengamos desertores, lo bellacos y asesinos que son los rojos, fusilamientos de eclesiásticos, espías, ardor guerrero…y hasta canciones. Precisamente éste último es otro de los momentos más descacharrantes de la película. Es una escena que merece la pena verse una y otra vez. En los comienzos de una noche en el frente del Norte, en las trincheras de los rebeldes, un soldado canta a la vez que toca la guitarra. Junto a él, otro compañero le acompaña al cante. Sin duda que la intención de Heredia fue la de dar cuenta del alto espíritu y la fe en la victoria, como se dice en la propia película, como clave para el triunfo, pero también del majestuoso compañerismo entre las filas. Ahora bien, el acompañante está tan, tan, tan cerca, y mira tan, tan, tan fijamente la carita del guitarrista-cantante, que la sensación es otra muy distinta. Cuidado, quizá estemos ante la primera escena de homosexualidad subliminal del cine español.

En fin. Si algo de forma seria hay que destacar de la película es que contiene algunas escenas auténticas de documentación y que se adivinan buenas recreaciones en los uniformes y cartelerías. Incluso el cogote del mismísimo Caudillo aparece en el último instante durante el desfile triunfal en Madrid. Todo lo que hemos venido diciendo, con tono irónico y jocoso, resultaba tan evidente para el propio régimen, que cuando en 1950 el panorama internacional comenzó a virar y se quería que algo del Plan Marshall cayese por aquí, hubo que cambiar muchas cosas, entre ellas la película, que bajo la excusa de una nueva sonorización se volvió a estrenar haciendo desaparecer diálogos, saludos fascistas e imágenes de o sobre Falange. Se quisieron igualmente hacer desaparecer las copias originales, pero décadas después se encontró una parcial, y finalmente, no hace muchos años, gracias a los archivos de la UFA (es que los nazis, como buenos alemanes, eran muy organizados) se logró recuperar la versión íntegra.

El desfile victorioso

El hecho de que Franco tuviese algo que ver con la película ha sido también objeto de diversos estudios, entre ellos alguno de carácter psicológico, ya que hay quien ha querido ver un buen puñado de paralelismos con él y su propia familia. El más claro, y con el que queremos concluir, es el del hermano díscolo, ese que finalmente ve la luz y traiciona a la República pasando información a los espías rebeldes y afronta su castigo como un digno portador de la sangre que lleva por sus venas, colofón además a la serie de ejemplos de “raza” que se nos han ido granando durante el metraje. Pues bien, las similitudes con Ramón Franco, el famoso aviador, nada marcial, que coqueteó con el republicanismo y las izquierdas, y que finalmente murió del bando de su hermano, parecen evidentes. Acabar diciendo que existe una reciente edición en dvd con las dos versiones de la película, cuya comparación, si nos olvidamos de los chistes, puede ser un ejercicio muy instructivo.

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