Título original: La batalla de Chile

Dirección: Patricio Guzmán

Año: 1972-79

Duración: 272′

País: Chile

Guión y producción: Patricio Guzmán

Cámara y fotografía: Jorge Müller Silva

Montaje: Pedro Chaskel

Sonido directo: Bernardo Menz

Premios: GRAND PRIX, Festival de Grenoble, Francia 1975. PREMIO DEL JURADO, Festival de Leipzig, Alemania 1976. GRAND PRIX, Festival de Grenoble, Francia 1976. GRAND PRIX, Festival de Bruselas, Bélgica 1977. GRAND PRIX, Festival de Benalmádena, España 1977. GRAND PRIX, Festival de La Habana, Cuba 1979.

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El equipo de rodaje en La Moneda, agosto del 73, a pocas semanas del Golpe

Después de ver por cuarta o quinta vez esta película sigo teniendo al término la misma pregunta que la primera vez: ¿era Patricio Guzmán remotamente consciente cuando empezó a trabajar del testimonio que iba a dejar esta obra? La batalla de Chile es un documental rodado in situ, no es ficción, ni reconstitutción histórica, ni tan siquiera un conjunto de imágenes de archivo. Comienza en la previa a las elecciones parlamentarias de 1973, fundamentales, ya que de ellas dependía que la oposición consiguiese reprobar al presidente Allende, y que acaba el 11 de septiembre, el día del golpe militar. Guzmán y su equipo recorrieron el país, desde las calles de la capital a las minas del cobre, grabando cuanto acontecía. Una vez producida la sublevación, Guzmán fue detenido durante un mes, amenazado de fusilamiento, y posteriormente salió del país. Al mismo tiempo que era liberado, el camarógrafo, Jorge Müller, era detenido. Aún hoy está desaparecido. Los rollos de película fueron sacados de Chile por valija diplomática vía embajada sueca, y montados a lo largo de los siguientes años, con la colaboración internacional de numerosas personas e instituciones, entre ellos, la del prestigioso documentalista francés Chris Marker.

Jorge Müller Silva

De este modo la película se preparó en tres entregas, la primera, subtitulada La insurreción de la burguesía, vería la luz en 1975, la segunda, El golpe de Estado, en 1977, para terminar con El poder popular en 1979. Entre todas constituyen un documento único de los acontecimientos del último año de una de las democracias más longevas de América Latina, y un objeto didáctico fundamental para comenzar a entender qué era la Unidad Popular de Allende y la creación de los elementos necesarios para echar abajo el gobierno legítimo de Chile, primero por los medios legales, y después sin ellos. Es una ventana por la que asomarse a la constante y creciente división de un país hasta su quiebra, de cómo de forma artificial se puede poner a una nación en pie de guerra contra sí misma.

Así veremos maniobras de la oposición parlamentaria con luz y taquígrafos, como también veremos a sus fuerzas agitadoras prepararse para otro tipo de lucha. Veremos también como se ahoga desde arriba -desde el poder económico- la economía de un país de forma consciente en busca del caos. Veremos los primeros pasos hacia la conspiración sediciosa, y todo ello auspiciado por la guerra declarada por el tándem Nixon-Kissinger (premio Nobel de la Paz, que nadie lo olvide) a Salvador Allende desde incluso antes de su toma de posesión en 1970. En frente, la resistencia del pueblo allendista, en la fábrica y en la mina, en la calle y en el colmado, tratando de frenar la asfixia del país y continuar persiguiendo el sueño de su revolución, la primera, de corte relativamente marxista (el carácter marxista de Allende aún es discutido), que se asomaba al mundo después de haber tomado el poder por vías democráticas. La lucha de un pueblo sin armas contra el dinero y los uniformes.

El pavoroso momento en que el camarógrafo argentino Leonardo Henriksen rueda su propia muerte y a su asesino durante el fallido golpe de junio.

No quiero hablar demasiado sobre la película ni sobre los acontecimientos. Pese a que la duración de la primera da para mucho, y a que los segundos son tan conocidos y graves, lo mejor que se puede hacer es verla, recoge imágenes y testimonios antológicos. Su interés documental, ya mencionado, no es el único motivo. Como atestiguan los numeroso premios recibidos, La batalla de Chile es considerada de forma unánime entre los mejores documentales de la historia, pero además es una obra tan perfectamente ensamblada que muchos han sido quienes han abogado encarecidamente por su visionado en las escuelas. Yo no llegaría a tanto, pero sin duda alguna recomendaría que nadie saliese de las facultades y escuelas de Historia, Ciencia Política, Económicas y, por supuesto, de Cine sin haberla visto y pensado. También recomendaría un sitio más donde verla: en Chile, país donde ha estado prohibida durante décadas, y desconozco si después de la presidencia de Bachelet este veto ha sido levantado y al fin ha podido emitirse de forma pública.

El Palacio de La Moneda bombardeado

Sobre su visionado en Chile, clandestino, el propio Guzmán rodó un ilustrativo experimento años después, pero no adelantemos acontecimientos. De momento bastará con decir que el fresco completo de la obra de Guzmán sobre Chile continúa en otras películas documentales posteriores, que con la perspectiva de los años y el devenir de ciertos sucesos, componen un conjunto imprescindible para comprender y conocer los hechos. Si alguna vez el cine estuvo cerca de poder suplir a un libro de historia, quizá esta sea la obra que más se aproxime a dicha utopía, y La batalla… es su extenso prólogo.

La película, de forma íntegra y actualizada, puede verse en fragmentos de 10 minutos en You Tube. Absolutamente recomendable.
– Los demás títulos que completan la filmografía de Guzmán sobre Chile, Allende, el golpe y la dictadura son:
   1. En nombre de Dios, 1986.
   2. Chile, la memoria obstinada, 1997.
   3. El caso Pinochet, 2001.
   4. Salvador Allende, 2004.
– Algunas de las imágenes han sido tomadas de la web del director: www.patricioguzman.com
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