Título original: A mighty heart

Dirección: Michael Winterbottom

Año: 2007

País: Estados Unidos

Duración: 100′

Guión: John Orloff (según novela de Mariane Pearl)

Música: Harry Escott y Molly Nyman

Fotografía: Marcel Zyskind

Intérpretes: Angelina Jolie, Dan Futterman, Will Patton, Irrfan Khan, Denis O’Hare, Archie Panjabi, Adnan Siddiqui, Alyy Khan y Gary Wilmes.

Premios: Globo de Oro (nominación a mejor actriz -Jolie-).

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A mi entender las tres mejores películas sobre todo lo acontecido en un extenso alrededor al 11-S, son United 93, Camino a Guantánamo, y Un corazón invencible. Curiosamente, todas ellas llevan firma británica, y no estadounidense. De Paul Greengrass la primera, y de Michael Winterbottom las dos últimas. ¿Por qué? Se admiten teorías al respecto.

En pleno rodaje

La película de la que hoy hablamos trata de reconstruir, y creo que con soberano acierto, el caso de Daniel Pearl, el periodista judío del Wall Street Journal, secuestrado y ejecutado en Paquistán en 2002. Para ello cuenta con la inestimable fuente de la novela en la que Mariane, la mujer de Pearl, periodista francesa, cuenta los hechos. Sobre este personaje, para el cual por cierto, recuperamos como actriz a la Jolie -Brad Pitt fue el productor-, descansa casi todo el filme. Pero que nadie crea que 100 minutos de señora embarazada y desesperada paseando de habitación en habitación colgada a un teléfono son elementos para servirnos un dramilla. Ni mucho menos. No voy a incidir en ello porque ya se ha hablado al respecto de alguna otra película, pero de nuevo el estilo semi-documental o falso-documental tan británico y tan habitual en gente como Winterbottom y Greengrass, vuelve a aparecer para envolver el metraje de una tensión arrolladora y de un dramatismo desesperante, en el buen sentido, amén del barniz de autenticidad que el estilo logra si se sabe manejar.

Al margen del drama personal de la protagonista, es una de esas películas cuyo valor didáctico cabe destacar por encima de lo demás. Director y guionista saben extraer de la novela lo suficiente como para pintarnos con maestría el cuadro de lo que se cuece en las calles de ese país llamado Paquistán, en especial desde la invasión de Afganistán. Toda la complejidad político-social de aquel país queda perfectamente reflejada para hacer comprender al espectador el contexto en el que se produce el caso Pearl. Recuerden: Paquistán es de facto un régimen militar en el que existe un peligroso juego de poderes. La cúpula política recibe miles de millones de dólares de Estados Unidos para combatir la radicalización islámica de una nación que posee la bomba nuclear y en cuya sociedad hay un beligerante sector yihadista, bien sea propio, o externo, debido a sus permeables -casi mejor decir completamente abiertas- fronteras con el Afganistán talibán, un trasiego que se venía produciendo desde la guerra contra los soviéticos librada en el país vecino, y que se vió reactivado con la llamada a combatir al invasor norteamericano. Las caóticas calles de las principales ciudades del país son un enjambre en el que encuentran perfecto escondrijo los muyahidines de todos los lugares. Por otro lado, el enquistado y eterno conflicto con la India, aliado del mundo occidental, generó que los hombres armados más radicales y dispuestos dispusiesen ayuda del estado, en particular del poderoso y temible servicio secreto, el ISI, un auténtico poder en la sombra. De este modo el juego de equilibrios funambulistas convierten a este país en un rompecabezas en el que el caso Pearl se convierte en la ejemplificación perfecta de buscar una aguja en un pajar.

A Daniel Pearl lo mataron por ser un auténtico icono andante para la retórica del islamismo radical: judío, norteamericano y periodista en suelo musulmán. Es cierto que, como otras veces quedó demostrado, le hubiese valido cualquier otro, pero este resultaba especial. Un hombre perfecto para ser acusado de espía (estaba trabajando sobre las redes de Al Qaeda y sus soportes entre jeques y gente con poder) y con elementos personales tan fuertes para el imaginario yihadista como los que hemos descrito. Pearl fue ejecutado por decapitación, y su cuerpo repartido en varios pedazos en varios puntos de Karachi. Previamente, la embajada estadounidense recibió una grabación con las imágenes del asesinato y los mensajes típicos de venganza y amenaza que suelen verter Al Qaeda y sus afines. Un ejemplo perfecto del odio.

Angelina Jolie y la auténtica Mariane Pearl

 Aún con todo, fueron detenidos cuatro responsables, quizá no todos -la Sra. Pearl incluso acusó a ciertos elementos del mundo bancario islámico- , entre ellos una figura prominente, la de Omar Said Sheikj, al que se le encontraron ligazones bastante fuertes con la preparación del 11-S. En esto, la película también nos deja el pabellón alto, porque sabe pasarse al género policiaco cuando debe.

Por tanto las conclusiones no pueden ser otras que calificar a esta película como muy recomendable para los interesados en los temas que trata, está llena de virtudes, tanto cinematográficas, como en su trato a lo que debe ser una reconstrucción de hechos reales.

Por cierto, las horribles imágenes de la ejecución, aún pueden encontrarse sin demasiada dificultad en internet. No esperen aquí un enlace.

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