Título original: Citizen X

Dirección: Chris Gerolmo

Año: 1994

País: Estados Unidos

Duración: 105′

Guión: Chris Gerolmo (según libro de Robert Cullen)

Música: Randy Edelman

Fotografía: Robert Fraisse

Intérpretes: Stephen Rea, Donald Sutherland, Max Von Sydow, Jeffrey De Munn, Joss Ackland, John Wood, Radu Amzulescu e Imelda Staunton.

Premios: Festival de Sitges: Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor (Rea).

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Andrei Chikatilo fue uno de los asesinos en serie más brutales de los que se tiene noticia. Entre 1978, fecha fijada para su primer crimen, y 1990, dió cuenta de al menos 53 personas, mayoritariamente niños y adolescentes, de ambos sexos, a los que sometía a diversos tipos de vejaciones sexuales (dentro de los impedimentos del rendimiento sexual de Chikatilo), torturas, mutilaciones e incluso canibalismo. Fue ejecutado en 1994.

Pero, ¿qué pinta aquí una película policíaca sobre psicópatas? La respuesta es sencilla: el constante reflejo de ciertos aspectos de la vida en la última década de la Unión Soviética.

 En efecto, una parte considerable de la investigación policial se ve condicionada por la política. El investigador a cargo del caso está supeditado a la supervisión de una comisión llena de jerarcas de la burocracia del sistema: comisario político, estamento militar, miembros del PCUS…, cuya influencia en el caso, gracias a la doctrina oficial, resulta clave, porque si en la Unión Soviética no existen psicópatas ni asesinos en serie -ya que estos son producto de la sociedad capitalista-, la investigación queda teledirigida hacia los desviados sexuales, los homosexuales, los enfermos y aquellos que, por la infranqueable barrera del impedimento biológico, no han podido ser educados como buenos ciudadanos, desatándose así una interminable serie de años de redadas y detenciones inútiles mientras en los bosques continúan apareciendo cadáveres.

De este modo se nos muestra al camarada Burakov en su desesperación, intentando franquear obstáculos oficiales y estrecheces de miras que le impiden aplicar métodos modernos de investigación. A su vez, aspectos de la vida cotidiana y el entorno quedan reflejados en un cuadro gris, frío, lívido, una sociedad monolítica e inamovible. Es curioso como la diferencia entre la calidad de vida de los jerarcas y el resto de la ciudadanía quedan patentes en pequeños detalles, pero le recuerdan a uno aquella sentencia de un economista de reciente fama, que afirmaba que el socialismo real no ha existido jamás, y que lo implantado en la URSS y su órbita fue un capitalismo de estado.

Lo que la película nos cuenta es que todo da un giro cuando, a la caída del régimen, uno de los miembros de la comisión que ha seguido el caso, fino y típico calculador político de bambalinas, se hace con un lugar importante en el nuevo Estado, y concede a Burakov toda una serie de medios que antes le fueron negados. Eso, junto al permiso para elaborar un perfil psicológico moderno, y algún golpe de suerte, llevaron a la detención del carnicero de Rostov.

Estamos por tanto ante una de esas películas a las que hay que mirar con un tercer ojo, fijándonos en el entorno de la trama central, que en este caso, esta plagado de mensaje político y social. Es una película fría, de avance pausado pero firme, y que cuenta con un reparto más que solvente, en especial los papeles de Rea y Sutherland, que les encajan como un guante. Una mirada al cerrado mundo de la Unión Soviética, de especial interés por ser tan temprana con respecto a los hechos que adapta y estar el cadáver soviético aún caliente.

Para los interesados en esta historia concreta, señalar la existencia de otra película más reciente: Evilenko (David Grieco, 2004) y un documental: Andrei Chikatilo, la bestia de Ucrania (Peter Tarshis, 2004), este último un camino mucho mejor para acercarse a los hechos reales.

Andrei Chikatilo, el auténtico

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