Título original: Das Schlangenei

Año: 1977

Dirección: Ingmar Bergman

Duración: 120′

País: Alemania

Guión: Ingmar Bergman

Música: Rolf A. Wihelm

Fotografía: Sven Nykvist

Intérpretes: David Carradine, Liv Ullmann, Gert Fröbe, Heinz Bennent, James Whitmore.

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Berlín, 1923. A diez años de la llegada de Hitler al poder -y en los díaz previos a su intento de golpe de estado en Munich- y cinco después de la humillación alemana en la I Guerra Mundial. La crisis producida por la derrota bélica y los costes económicos de la misma, además de las durísimas sanciones impuestas al derrotado, hacen estragos en la joven y débil República de Weimar. Sometida a mil y una conspiraciones, revolucionarios de izquierdas y derechas la atacan a la vez que se hostigan entre sí. Por debajo de las intrigas políticas la miseria se expande en una sociedad hundida.

En este contexto histórico Bergman coloca a sus personajes, un ambiente ideal para sus habituales perfiles torturados, pero en este caso el medio que les rodea resulta fundamental para su modelación. De este modo, en un cuerpo social tan carcomido, en el que sus integrantes no tienen “ni presente, ni futuro”, se desarrolla un drama bergmaniano entre alcohólicos, prostitutas, cabarets baratos, mendicidad, miedo, odio, frustración, sentimientos de culpa y desesperación. Poco a poco se va filtrando en la historia una especie de trama policíaca que al final resultará clave para entender toda la película. Al final, todo acaba cuadrando para darnos cuenta que acabamos de presenciar una disección de los agujeros sociales de la Alemania de los años veinte, agujeros por los que se acabaría filtrando todo lo que vino después.

Por tanto, lo que aparenta un mosaico durante toda la película, acaba confluyendo en un discurso final (ojo al guiño “Menguele”), que compendia todo lo anterior en un mensaje apocalíptico de un pueblo desquiciado. La película no habla de la política de Alemania en esa época, habla de su cuerpo social, alrededor de una ficción, pero con un prisma casi de sociólogo.

La combinación de El huevo de la serpiente con otras películas que si se meten en la arena política como el Hitler de Duguay, pueden ofrecer un muy buen marco para quien quiera aproximarse a estos episodios históricos.

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