Título original: Bobby

Año: 2006

Dirección: Emilio Estévez

Duración: 120′

País: Estados Unidos

Guión: Emilio Estévez

Música: Mark Isham

Fotografía: Michael Barrett

Intérpretes: William H.Macy, Anthony Hopkins, Harry Belafonte, Helen Hunt, Lindsay Lohan, Demi Moore, Freddy Rodríguez, Emilio Estévez, Sharon Stone, Elijah Wood, Martoin Sheen, Heather Graham, Christian Slater, Laurence Fishburne, Ashton Kutcher.

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El 5 de junio de 1968, Robert F. Kennedy fue asesinado por Sirhan Bihara Sirhan, un hijo de palestinos, supuestamente en venganza por el apoyo del hermano de JFK a Israel. Es fácil introducir este hecho en los convulsos y oscuros años sesenta de la política norteamericana y mundial, con la Guerra Fría de fondo, los conflictos y guerras periféricas y las muertes claves de JFK, Martin Luther King y Bobby Kennedy. Es más, el abogado del asesino confeso, Laurence Teeter, llegó a sugerir que Sirhan estaba bajo hipnosis provocada por el programa MK Ultra de control mental de la CIA, turbio asunto sobre el que hay varias películas que ficcionalizan con ello.

La película sin embargo no navega en esa dirección, muy al contrario, Emilio Estévez escoge un marco coral en el que el colectivo es el protagonista de un momento de ilusión generalizada que probablemente no se haya vivido en EEUU hasta la aparición de Barack Obama.

De esta forma, el film nos introduce en el hotel Ambassador de Los Angeles durante las horas previas a la aparición de Bobby Kennedy para agradecer los apoyos que le hicieron ganar las primarias demócratas en los estados de Dakota del Sur y California. A su finalización, el candidato fue asesinado mientras salía del recinto por los pasillos de las cocinas. Hasta este colofón luctuoso, la película recorre las historias de personajes que circundan la campaña y el hotel, gente con historias que pretenden ser representativas de aquella época y de aquel año clave: 1968.

A veces puede dar la impresión de rozar la hagiografía, y la ilusión que desprenden muchos personajes podría estar en la línea de lo ingenuo, pero probablemente sea una buena síntesis del momento utópico que vivía buena parte de la sociedad mundial en aquel momento, a la luz de sucesos no tan oscuros como el mayo francés o la primavera de Praga que, aunque de final estéril, si que pudieron articular durante un tiempo la sensación de que se podía cambiar el mundo. Bobby Kennedy, en unos pocos meses, con sus discursos llenos de promesas de justicia social, supo insuflar ese espíritu. A él no le dieron tiempo para decepcionar a nadie.

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