Título original: Dragón Rapide

Dirección: Jaime Camino

Año: 1986

Duración: 96′

País: España

Guión: Jaime Camino y Roman Gubern

Música: Xavier Montsalvatge

Fotografía: Juan Amorós

Intérpretes: Juan Diego, Manuel de Blas, Vicky Peña, Santiago Ramos, Pedro Díaz del Corral, Francisco Casares, Laura García Lorca, Miguel Molina, José Luis Pellicena.

Premios: Goya a la mejor dirección artística y maquillaje (5 nominaciones)

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Hoy se cumplen 75 años desde que un sector el Ejército español se levantó en armas contra el gobierno republicano legítimamente establecido. El fracaso de la intentona golpista condujo irremisiblemente a la archifamosa Guerra Civil española. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, traemos hoy la reseña a la película Dragon Rapide, el avión que trasladó al general Franco desde Canarias al Marruecos español para hacerse con los mandos de los números africanos del Ejército.

 

 

La película narra los días previos al golpe de julio del 36, y se centra en especial en las vicisitudes para adquirir y hacer llevar desde Londres a Canarias, el famoso avión que trasladaría a Franco a Marruecos. Como es evidente, veremos aparecer por la pantalla a los personajes claves del contubernio golpista, desde El Director -general Mola-, hasta Franco -en un principio personaje secundario e indeciso-, pasando por Juan March -quien proporcionó el dinero necesario-, Luis Bolín -corresponsal de ABC en Londres y pieza clave como “conseguidor”-, José Calvo Sotelo -el diputado derechista asesinado días antes, y pieza importante de la trama civil-, y por supuesto, doña Carmen Polo, a la sazón esposa y supuesta Pepito Grillo del futuro dictador.

 

 

 

Todo esto supone en sí un momento importante del reciente cine español, ya que hace de la película cine de reconstitución histórica yendo a los personajes protagonistas, cosa no demasiado habitual, puesto que entre las muchísimas películas que desde la muerte de Franco trataron el tema de la Guerra Civil, pocas, por no decir ninguna, habían volado tan alto a la hora de retratar personajes realmente históricos, centrándose por contra, de forma mayoritaria, en pequeñas historias -no por ello desgarradoras- de ambiente rural (probablemente la escasez de medios tenga mucho que decir a este respecto). En definitiva ese tipo de cine que tan bien saben hacer en Estados Unidos, imprimiéndole a historias reales de despachos presidenciales y altas esferas su dosis de intriga para, a pesar de que conozcamos el final, la cuestión se plantee casi rozando el thriller político.

 

La película cuenta como co-guionista con el profesor Román Gubern, lo cual es ya una garantía de seriedad y buen hacer, pero además incluye al hispanista Ian Gibson como asesor histórico, y se nota en el mucho rigor que la película aplica, pese a que, como resulta inevitable, se cuelen momentos de ficción o situaciones “de puertas adentro” sobre las que es difícil imaginar que pudiera haber testigos. Las actuaciones de Juan Diego yVicky Peña son muy notables, y el primero consigue no caer en la parodia fácil -esto no es una comedia- aún cuando el personaje real siempre ha dado mucho chance para la imitación ridícula. Afortunadamente, y pese a que hay y habrá quien se empeñe en provocar controversias, la gran mayoría de los hechos narrados están contrastados y no hay mucha tacha que ponerle a la película en ese nivel, dado que incluso cuando se pone en boca de algún personaje algo parecido a juicios de valor, se hace con bastante esmero. Me temo sin embargo que esto, como siempre, no dejará contentos a todos.

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