Título original: Las autonosuyas

Dirección: Rafael Gil

Año: 1983

País: España

Duración: 93′

Guión: Fernando Vizcaíno Casas (según novela homónima de él mismo)

Música: Gerardo García Segura

Fotografía: José F. Aguayo

Intérpretes: Alfredo Landa, María Casanova, Manolo Codeso, Antonio Garisa, José Bódalo, Ismael Merlo, Angel de Andrés, Alfonso del Real.

**********************************************************************************************************************************

Hoy traemos una nueva bizarrada del cine español de la Transición en clave de humor, aunque esta vez es una película bastante menos inocente.

En los años en que España se conformaba de facto como estado autonómico, un importante sector de la derecha se opuso al modelo, no vayan a creer que muchos de los que ahora han encontrado nuevas fuentes de poder en el estado descentralizado estuvieron siempre de acuerdo. La reducción a un eslogan que simplifique el argumentario es muy simple, el archifamoso “se rompe España”. En efecto, no es nuevo, no nació con el último estatut, ni con el Plan Ibarretxe, como tampoco fue parido en esta época. Ya se utilizó profusamente en los infaustos años treinta, e incluso allá por los años en torno al cambio de siglo (XIX-XX), cuando nacionalismos y regionalismos periféricos comenzaron a asomarse a la palestra en el marco de la crisis generada tras el desastre del 98. Nada nuevo bajo el sol.

El polifacético Vizcaíno Casas, que además de abogado, periodista y escritor, era gran admirador de personajes y sus obras como José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco, saca el estilo satírico que tanto cultivó para ridiculizar el naciente Estado de las Autonomías. En la sierra madrileña (claro guiño a esa zona que tanto quería el autor), un alcalde socialista cree que la nueva gallina de los huevos de oro reside en conformarse como ente autonómico, y así alcanzar notoriedad, voz y voto, y por supuesto, coche oficial. Ni corto ni perezoso pone en marcha un plan para coaligarse con municipios cercanos y lanzar su proceso de autonomía. Desde aquí todo es un ir y venir de chanzas, burlas y ridiculizaciones a los idiomas, a sus orígenes, a las veleidades nacionalistas y regionalistas y todo lo que envuelve a una nueva clase política naciente tras la dictadura. Por cierto, quien vea la película comprobará perfectamente que muchos de los ataques que se usan, siguen estando vigentes hoy, incluído el propio título de la película.

Lo que no podemos dejar de comentar es que todo el cúmulo de despropósitos que se nos muestran, permanecen atentamente vigilados por el ojo de un viejo coronel retirado, vecino del pueblo, y su legionario sirviente. Este personaje es una obvia y clarísima referencia al pensamiento del autor, ya que cuando ve que la cosa sigue adelante siente la llamada del deber, se enfunda en el uniforme de salvapatrias, y acude raudo, sable en mano, a dar un sustito a los irresponsables que están montando semejante carnaval. El papel intervencionista del militar español queda perfectamente retratado como necesario y útil, y uno no puede hacer menos que acordarse que el estreno de la novela (1981), coincide con la intentona del 23F, y viene de años en los que el ruido de sables no dejaba de sonar. De modo que quizá, entre tanta broma y tanta guasa, álguna cosa habrá para tomársela un poco más en serio.

Rafael Gil

Del director, Rafael Gil, mencionar que comenzó en el cine haciendo documentales durante la Guerra Civil para el bando Republicano. Ya en la dictadura realizó una fértil carrera, destacando en la adaptación de obras de la literatura clásica española y cine religioso, con algunas incursiones en los mitos de la guerra y el militar español, siempre muy en la línea de los postulados del régimen. Esta sería su última película, que vieron más de trescientas mil personas en el cine, y que concluye un ritmo de cuatro consecutivas adaptando obras de Vizcaíno Casas. Toda una declaración de intenciones.