Título original: Dawson, isla 10

Dirección: Miguel Littín

Año: 2009

País: Chile

Duración: 112′

Guión: Miguel Littín, según libro de Sergio Bitar.

Música: Juan Cristóbal Meza

Fotografía: Miguel Joan Littín

Intérpretes:  Benjamín Vicuña, Bertrand Duarte, Pablo Krögh, Cristián de la Fuente, Sergio Hernández, Luis Dubó, Caco Monteiro, Horacio Videla.

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La isla Dawson es un pedazo de tierra situado en el extremo austral de Chile, en el conjunto insular que forma parte del estrecho de Magallanes, en Tierra del Fuego. En ese paraje gélido y desolado, la dictadura de Augusto Pinochet montó un campo de concentración -diseñado por cierto por Walther Rauff, criminal de guerra nazi refugiado en Chile, responsable, como jefe del departamento técnico de las SS, del diseño de los camiones de gas, precursores de las cámaras de exterminio- en el cual dió encierro a algunos de los principales jerarcas y asesores del derrocado gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.   

Imagen real de los presos en Dawson

Miguel Littín, veterano cineasta chileno, que fue cargo en el gobierno de Allende, rinde homenaje a quienes alguna vez fueron sus compañeros basándose en el relato de uno de los ministros allí confinados (Sergio Bitar), bajo pena de prisioneros de guerra, bonito eufemismo para evitar otras calificaciones y cuya raíz está en el simple hecho que el gobierno de Junta Militar estaba en “guerra contra el marxismo internacional”.

Dicho esto la película no difiere en exceso de otros filmes de temática similar, pero obviamente la denuncia y el recuerdo son piezas fundamentales que deben servir para recordar que no hace mucho tiempo se derrocaban gobiernos democráticos con el auspicio de los Estados Unidos y que se encarcelaba como criminales a doctores, ingenieros, médicos, profesores, músicos…

José Tohá, ministro de Defensa, supuestamente "suicidado" tras su salida de Dawson.

Con toda seguridad alguien con más conocimiento de la historia chilena podría realizar un destripamiento más acertado de la película, pero se atisba un cuidado en mostrar ciertas cosas con pequeños detalles que, eterna cuestión, su hilo histórico solamente puede seguirse si se tiene algún conocimiento un poco más profundo del tema. Las referencias al modo de pensar de los militares, de las bases de su adoctrinamiento, de la división de la izquierda, del papel de Allende como aglutinador, las sospechas sobre su suicidio o asesinato…Un ejemplo es la aparición en un tablero de diversos recortes de prensa, con la finalidad de minar la moral de los presos, en el que aparece un famoso titular en el que se daba cuenta del asesinato de varios miembros del MIR por parte de sus propios compañeros. Tiempo después, se demostraría que aquellos cadáveres de chilenos aparecidos en Argentina fue obra del entramado Cóndor, órgano de articulación internacional de la represión militar sudamericana allende sus fronteras. En la película, el recorte aparece unos segundos.

Quizá el hecho de que estos reclusos recibiesen ese estatus anteriormente citado, y que permitía cierta supervisión por parte de organismos internacionales, evitó que Dawson fuese un episodio tan sanguinario como lo que ocurría en otros puntos del país durante la represión militar, lo cual no quita para poder reflejar la dureza de la privación de libertad bajo semejantes acusaciones. Puede que haya quien encuentre un pecado que no se reflejen los presos anónimos, o que no todos los nombres relevantes aparezcan con protagonismo. Incluso puede haber indignación cuando Littín trata a ciertos militares con benevolencia al mostrar gestos de humanitarismo más allá del adoctrinamiento conocido en cómo había que tratar a los “comunistas”. En cualquier caso hay una obra literaria como base, no ficticia, y nunca hay que olvidar que una película, por sus propias limitaciones, no puede ser un sustituto pleno de un relato histórico. Sea como fuere, Dawson, isla 10, es otra pieza que el cine ha dado en la rememoración de los acontecimientos de la ignominia chilena.